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Salud y medicamentos

Un buen estado físico para los dos

19/04/2011

Un Buen Estado Físico para los Dos

www.nacesano.org
El ejercicio durante el embarazo

El ejercicio es bueno para las mujeres embarazadas. El Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE.UU. (HHS) recomienda a las mujeres embarazadas sanas realizar al menos dos horas y media de actividad aeróbica moderada por semana.1Es conveniente distribuir la actividad física a lo largo de la semana,1 realizando 30 minutos de actividad aeróbica la mayoría de los días o todos si es posible.

Hacer ejercicio de forma regular mejora el estado físico de la mujer embarazada y contribuye a la salud cardíaca, mental y del cuerpo en general. Puede ayudar a sobrellevar muchas de las molestias habituales del embarazo, como estreñimiento, dolores de espalda, cansancio, trastornos del sueño y várices. El ejercicio regular también puede ayudar a prevenir ciertas formas de diabetes e hipertensión típicas del embarazo.1,2,3 Las mujeres en buen estado físico pueden sobrellevar mejor el parto y recuperarse con más rapidez.

Se recomienda a las mujeres embarazadas que no han sido físicamente activas anteriormente que incrementen sus actividades gradualmente o comiencen con un programa de ejercicios poco intenso para obtener algunos de estos beneficios para la salud. No obstante, toda mujer embarazada debe consultar a un profesional de la salud antes de comenzar o continuar con un programa de ejercicios.

Las mujeres que no desean participar en un programa tradicional de ejercicios pueden obtener muchos de los beneficios que brinda el ejercicio realizando alguna actividad física como, por ejemplo, salir a caminar. A pesar de que antes se aconsejaba realizar ejercicio unos 30 minutos seguidos al menos tres veces por semana para que sea beneficioso para la salud, según las recomendaciones del HHS, distribuir la actividad física durante la semana (al menos 10 minutos en cada oportunidad) también es eficaz.1

¿Hay casos en que la mujer embarazada no debe hacer ejercicio?
El ejercicio es bueno para las mujeres embarazadas, salvo en los siguientes casos:2

  • Enfermedad cardíaca que afecta la circulación sanguínea
  • Parto prematuro
  • Cuello uterino incompetente, un defecto del cuello uterino que produce la pérdida temprana del embarazo o un parto prematuro
  • Enfermedad pulmonar restrictiva
  • Embarazo múltiple (mellizos, trillizos o más bebés), que aumenta el riesgo de parto prematuro
  • Sangrado vaginal persistente en el segundo o tercer trimestre
  • Rotura de las membranas (bolsa de aguas)
  • Preeclampsia (una forma de hipertensión relacionada con el embarazo)
  •  Placenta previa, una placenta que se encuentra en posición baja y cubre el cuello del útero de forma parcial o total, durante el tercer trimestre.

Las mujeres con antecedentes de problemas de salud, como anemia grave o hipertensión no controlada, diabetes, enfermedad de la tiroides o convulsiones repentinas, sólo deben hacer ejercicio con la autorización de su médico. Las mujeres embarazadas obesas o con un peso excesivamente bajo también deben consultar a su médico antes de iniciar una rutina de ejercicios.

¿Puede el ejercicio ser perjudicial para el bebé?
Hasta la fecha no se cuenta con evidencia de que el ejercicio moderado tenga efectos perjudiciales para el feto ni de que aumente el riesgo de un aborto espontáneo, parto prematuro o defectos congénitos en un embarazo normal.

Antes, los médicos temían que el hecho de que la madre hiciera ejercicio pudiera inducir el parto antes de tiempo, ya que al hacer ejercicio se incrementa la concentración de ciertas hormonas que pueden estimular las contracciones uterinas. Estudios recientes han demostrado que el ejercicio moderado no aumenta el riesgo de parto prematuro en los embarazos de bajo riesgo.1,4,5 De hecho, un estudio danés de 2008 sugiere que la actividad física de moderada a intensa en el tiempo libre (como deportes, caminar, cuidar el jardín, etc.) puede reducir considerablemente el riesgo de nacimiento prematuro.6

Algunos médicos temían que el ejercicio regular pudiera retrasar el crecimiento del feto. La mayoría de los estudios ha comprobado que el ejercicio moderado no tiene efecto alguno en el peso del bebé al nacer y algunos sugieren que una cantidad moderada de ejercicio podría incluso aumentar el peso.4,5 Estudios recientes han comprobado que el ejercicio moderado durante la primera parte del embarazo promueve el crecimiento de la placenta,6 lo cual podría contribuir a aumentar su peso al nacer.

Se han realizado pocos estudios sobre los efectos del ejercicio intenso durante el embarazo. Algunos estudios sugieren que las mujeres que continúan haciendo ejercicio intenso hasta el tercer trimestre del embarazo podrían tener bebés con un peso ligeramente menor.4,5,8 No obstante, el ejercicio intenso no parece aumentar el riesgo de que la mujer tenga un bebé de bajo peso al nacer (menos de cinco libras y media). Un estudio que realizó un seguimiento de un grupo de bebés hasta los cinco años comprobó que los hijos de las mujeres que habían hecho ejercicio intenso durante el embarazo, si bien experimentaban un crecimiento normal, eran algo más delgados que los niños de las mujeres que no habían hecho ejercicio.3 Además, por razones que no son muy claras, los hijos de las mujeres que habían hecho ejercicio obtuvieron resultados considerablemente superiores a los de los otros niños en las pruebas de inteligencia y de destrezas del lenguaje.3

Cuando una mujer queda embarazada, ¿se produce algún cambio en el modo en que su cuerpo responde a la actividad física?
Sí. Durante el embarazo, el cuerpo de la mujer experimenta muchos cambios que alteran su respuesta a la actividad física:

  • Respiración. Las mujeres que están embarazadas necesitan más oxígeno que las que no lo están, aun cuando descansan. Además, a medida que avanza el embarazo, las futuras madres deben hacer un mayor esfuerzo para respirar ya que el crecimiento del útero ejerce presión sobre el diafragma (el músculo grande que separa el abdomen de la cavidad torácica). Estos cambios hacen que tengan menos oxígeno disponible y que se queden sin aliento más fácilmente al hacer actividad física.
  • Frecuencia cardíaca. El corazón de las mujeres embarazadas debe hacer más esfuerzo y late más rápidamente para suministrar oxígeno al bebé. En consecuencia, es posible que tenga menos energía para hacer actividad física. Su sistema cardiovascular también responde de manera diferente a ciertas posiciones del cuerpo. Si una mujer hace ejercicio acostada boca arriba durante el segundo o tercer trimestre del embarazo, el útero, que se encuentra en expansión, puede comprimir la vena principal por donde regresa la sangre desde las piernas hacia el corazón. Esto hace que el corazón lata más lentamente, causando en ocasiones mareos e interfiriendo con la circulación normal de la sangre hacia el útero. El corazón también late más lentamente cuando la persona permanece de pie sin moverse.
  • Temperatura corporal. Algunos estudios sugieren que el cuerpo de una mujer embarazada elimina el calor de manera más eficiente que una mujer no embarazada. Las mujeres embarazadas comienzan a sudar a una temperatura corporal más baja que las mujeres no embarazadas, por lo que su temperatura disminuye ligeramente durante el ejercicio.5 Esta adaptación puede ayudar a proteger al bebé. De todas maneras, se recomienda a las mujeres embarazadas evitar elevar en forma excesiva la temperatura corporal, especialmente durante el primer trimestre del embarazo, ya que una temperatura constante de 102.5 °F o más puede incrementar el riesgo de que se produzcan ciertos defectos congénitos en el cerebro y en la columna vertebral del bebé. Los estudios realizados, sin embargo, no han demostrado un incremento en la presencia de estos ni otros defectos congénitos en los bebés de mujeres que hacen ejercicio intenso durante el embarazo.2,5
  • Equilibrio. El embarazo afecta el sentido del equilibrio de la mujer y, además, al expandirse el útero y agrandarse los pechos, el centro de gravedad del cuerpo cambia de posición.
  • Articulaciones. El incremento de las concentraciones hormonales hace que los tejidos conectivos de la mujer embarazada se relajen y que las articulaciones sean más propensas a lesiones.

¿Qué recomendaciones deben tenerse en cuenta para hacer ejercicio durante el embarazo sin incurrir en un riesgo? 
Las mujeres embarazadas deben consultar a su médico para asegurarse de que las actividades que elijan no representen un riesgo para su embarazo. Las siguientes precauciones pueden ayudar a asegurar que el programa de ejercicios sea seguro para la madre y para el bebé:2,9

  • Evitar los deportes de contacto y cualquier actividad que pueda causarle traumatismos en el abdomen, aunque sean leves, como hockey sobre hielo, kickboxing, balompié y baloncesto.
  • Evitar las actividades con alto riesgo de caídas, como gimnasia, equitación, esquí cuesta abajo y deportes de raqueta.
  • Evitar bucear ya que esta actividad aumenta el riesgo de descompresión en el bebé y podría contribuir a un aborto espontáneo, defectos congénitos, retraso en el crecimiento del feto y parto prematuro.
  • Evitar realizar ejercicio recostada boca arriba después del primer trimestre. Evitar también permanecer de pie sin moverse durante mucho tiempo.
  • Evitar los movimientos bruscos, de rebote o de alto impacto que puedan esforzar las articulaciones y causar lesiones.
  • Evitar hacer ejercicio a alturas elevadas (más de 6,000 pies) ya que puede reducir la cantidad de oxígeno que llega al bebé.
  • Evitar que su temperatura aumente excesivamente, especialmente durante el primer trimestre. Beber líquidos en cantidad abundante antes, durante y después del ejercicio. Usar varias capas de ropa aireada y no hacer ejercicio los días calurosos y húmedos. Evitar entrar en una bañera con agua caliente, saunas o baños turcos.

Las mujeres embarazadas deben interrumpir el ejercicio inmediatamente y consultar a su médico si comienzan a tener síntomas como 2

  • Sangrado vaginal
  • Mareos
  • Mayores dificultades para respirar
  • Dolores de cabeza
  • Dolor en el pecho
  • Debilidad muscular
  • Dolor o hinchazón en las pantorrillas
  • Contracciones uterinas
  • Pérdida de líquido amniótico
  • Reducción de los movimientos del feto.

¿Cuáles son los tipos de actividad física más recomendables durante el embarazo?
La mayoría de las mujeres embarazadas puede continuar con los programas de ejercicios que seguían antes del embarazo pero, en algunos casos, es necesario modificar algunas actividades o disminuir la intensidad del programa a medida que evoluciona el embarazo. Las mujeres que participaron en un programa de entrenamiento con pesas antes del embarazo por lo general pueden continuar con su entrenamiento durante el embarazo, siempre y cuando lo hagan con moderación. Deben consultar siempre a su médico para determinar cuánto peso pueden levantar sin que represente un riesgo y evitar levantar peso recostadas de espalda.

Cuando una mujer embarazada inicia un plan de ejercicios (con la autorización de su médico), las actividades más seguras en la mayoría de los casos son caminar, nadar, pedalear en una bicicleta fija, hacer aerobismo (de bajo impacto o en clases para mujeres embarazadas) y clases de yoga. 

¿Cuándo se puede comenzar a hacer ejercicio después del parto?
Algunas mujeres pueden reanudar su programa de ejercicios pocos días después del parto mientras que otras deben esperar un poco más.9 Se recomienda a las mujeres consultar a su médico para determinar qué es lo más conveniente en su caso.

Las mujeres que hacen ejercicio regularmente durante el embarazo aumentan su resistencia y tonicidad muscular. Después del parto, esto les permite reanudar su nivel de actividad física anterior antes que las madres que no hicieron ejercicio regularmente. Las madres primerizas que reanudan su actividad física (al igual que las madres que amamantan a su bebé) pierden más peso que las que no hacen ejercicio y la mayoría de las madres que hacen ejercicio vuelven al peso que tenían antes del embarazo en menos de un año.

Los estudios demuestran que el ejercicio moderado mejora el estado de ánimo de las madres primerizas.1 Un estudio realizado en 1999 comprobó que las mujeres que reanudaron su programa de ejercicios dentro de las seis semanas posteriores al parto se sintieron mejor consigo mismas y se adaptaron más rápidamente a su papel de madre que las mujeres que no hicieron ejercicio.10

Los cambios producidos por el embarazo en los sistemas corporales duran unas cuatro a seis semanas después de dar a luz. Por esta razón, se recomienda a las mujeres comenzar o reanudar lentamente el ejercicio y, si sienten dolor o tienen otros síntomas inusuales durante una actividad específica, interrumpirla (o hacer menos repeticiones o una rutina más corta). Las mujeres que han tenido un parto por cesárea no deben hacer ejercicio intenso hasta que su médico lo autorice.

Referencias
1. U.S. Department of Health and Human Services (HHS). 2008 Physical Activity Guidelines for Americans. Washington, D.C., 7 de octubre de 2008, www.health.gov/paguidelines.

2. American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Exercise during Pregnancy and the Postpartum Period. ACOG Committee Opinion, número 267, enero de 2002 (verificado 2005).

3. American College of Sports Medicine. Roundtable Consensus Statement: Impact of Physical Activity during Pregnancy and Postpartum on Chronic Disease Risk. Medicine and Science in Sports and Exercise, 2006, págs. 989-1005.

4. Clapp, J.F., III. Recommending Exercise during Pregnancy. Contemporary Ob/Gyn, enero de 2001, págs. 30-49.

5. Morris, S.N. y Johnson, N.R. Exercise During Pregnancy: A Critical Appraisal of the Literature. Journal of Reproductive Medicine, volumen 50, número 3, marzo de 2005, págs. 181-188.

6. Hegaard, H.K., et al. Leisure Time Physical Activity is Associated with Reduced Risk of Preterm Delivery. American Journal of Obstetrics and Gynecology, volumen 198: 180, págs. e1-e5.

7. Clapp, J.F. Influence of Endurance Exercise and Diet on Human Placental Development and Fetal Growth. Placenta, junio-julio de 2006, volumen 27, págs. 527-534.

8. Perkins, C.D., et al. Physical Activity and Fetal Growth during Pregnancy. Obstetrics and Gynecology, volumen 109, número 1, enero de 2007, págs. 81-87.

9. American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Exercise During Pregnancy. Educational pamphlet AP119. ACOG, Washington, D.C., junio de 2003.

10. Sampselle, C.M., et al. Physical Activity and Postpartum Well-Being. Journal of Obstetric, Gynecologic and Neonatal Nursing, enero/febrero de 1999, págs. 41-49.

Diciembre de 2008 

 


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Salud y medicamentos

Guerra a las resistencias

10/04/2011

El Mundo Salud

 

Malaria, tuberculosis, sida, infecciones hospitalarias... Desde la aparición de los fármacos antimicrobianos en la década de los cuarenta la Humanidad le ha ido ganando la batalla a las enfermedades infecciosas, principal causa de muerte de las generaciones pasadas. Sin embargo, esa guerra está dando un vuelco debido a la aparición de patógenos resistentes a los tratamientos. Una situación tan preocupante que la Organización Mundial de la Salud (OMS) le ha dedicado este año su Día Mundial de la Salud, que se celebra el 7 de abril.

Resistencias a los antibióticos más comunes para tratar infecciones, resistencias a los antivirales más eficaces contra el VIH, resistencias contra los antipalúdicos que mantienen a raya a la malaria... la lista no tiene fin. Según el organismo internacional, el mal uso de los fármacosdurante los últimos setenta años ha permitido que la lista de microbios que se han hecho fuertes a la medicación no haya dejado de crecer.

Y lo ratifica con datos. Cada año, explica la OMS, surgen 440.000 nuevos casos de tuberculosis resistente en el mundo (cepas 'rebeldes' que se cobran 150.000 vidas humanas); mientras que el parásito responsable de la malaria (responsable de dos millones de muertes al año) está aprendiendo a rechazar el último tratamiento eficaz contra esta enfermedad, la artemisina. Y mucho más cerca de nuestras fronteras, el gen NDM-1, descubierto en varias bacterias, empieza a preocupar en los laboratorios por su resistencia a los antibióticos más potentes.

Cartel del día.| OMS

Cartel del día.| OMS

No hay una sola causa, ni un solo culpable de la propagación de este fenómeno, pero la OMS sí enumera un listado de prácticas y factores que no ayudan precisamente a tener bajo control a virus, bacterias, parásitos, hongos y demás microbios. Un mal uso de los medicamentos, pobres sistemas nacionales de control de las infecciones, interrupciones y problemas en el suministro de fármacos, descoordinación internacional...

El problema, añaden los especialistas, es que tratar a un paciente que no responde a la primera línea de tratamientos, obliga a recurrir a terapias de segunda línea, más caras y no siempre tan efectivas contra estos 'supermicrobios'. "La prolongación de la enfermedad, los largos ingresos hospitalarios y los tratamientos encarecen los costes sanitarios, tanto para los sistemas como para las familias", advierten. De ahí el lema elegido para esta fecha: 'Resistencia a los antimicrobianos: si no actuamos hoy no habrá cura mañana'.

La situación puede ser especialmente grave en zonas donde enfermedades como la malaria son endémicas, como recuerda a ELMUNDO.es Arancha Amor, del servicio de Microbiología y Parasitología del Hospital Carlos III de Madrid. "Aquí llevamos a cabo acciones de vigilancia epidemiológica para anticiparnos y ver cómo están evolucionando los patógenos", explica. Trabajando con muestras de población procedente de zonas endémicas de malaria (bien turistas o bien inmigrantes) "podemos ver el patrón de expansión de las mutaciones responsables de las resistencias".

En España, la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica reconoce que gran parte de la población sigue sin ser consciente de los peligros que entraña, por ejemplo, tomarse un antibiótico a destiempo. "Es muy importante tener en cuenta que estos medicamentos no curan las infecciones causadas por virus, como el resfriado común o la gripe, y sólo son eficaces para combatir las infecciones bacterianas. El diagnóstico correcto y la decisión sobre la necesidad de administrar antibióticos son competencia exclusiva de los médicos y en ningún caso se debe recurrir a la automedicación", recuerda esta asociación en un comunicado.


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Dietetica y nutrición

WEB ASOCIACIÓN DE INTOLERANTES A LA LACTOSA DE ESPAÑA

04/04/2011

ADILAC

 

¿Qué es la intolerancia a la lactosa? La intolerancia a la lactosa significa que no hay suficiente enzima (lactasa) en el intestino delgado para romper toda la lactosa consumida. La lactosa digerida parcialmente pasará al intestino grueso y puede provocar todos sus síntomas: dolores, hinchazón abdominal, diarrea, etc. También es conocida como intolerancia a productos lácteos, deficiencia de disacaridasa, deficiencia de lactasa, intolerancia a la leche.

¿Afecta a todos por igual? La sensiblidad a la lactosa puede variar ampliamente, -algunas personas notan sus efectos de forma inmediata tras consumir pequeñas cantidades, mientras otras tienen un umbral de sensiblidad más alto y es más difícil de observar su relación causa-efecto-. La sensibilidad puede también cambiar con el tiempo y con el estado general de salud. Un episodio agudo de diarrea, causada por una infección, puede reducir temporalmente los niveles de lactasa y hacer más sensible a la lactosa de forma temporal.

¿Qué síntomas provoca? Los síntomas se presentan frecuentemente después de la ingestión de productos lácteos.

Nauseas, dolor abdominal, espasmos, hinchazón y distensión abdominal, gases y flatulencias, diarreas ácidas, heces flotantes, defecación explosiva, vómitos y enrojecimiento perianal.

¿Cuando se desarolla? La intolerancia a la lactosa no es peligrosa y es muy común en los adultos, quienes en su mayoría al llegar a los 20 años de edad muestran algún grado de intolerancia a ella (por pequeño que sea). Esta intolerancia se puede presentar en el momento del nacimiento, desarrollarse en la infancia cuando se introduce la leche de vaca en la dieta o más tarde en la etapa adulta.

¿A que razas afecta más? Parece que existe una clara relación causa-efecto con el hábito de tomar leche. Aquellos pueblos que han sido tradicionalmente "ganaderos", que se han alimentado generación tras generación de la leche de los animales, presentan menos casos de intolerancia a la lactosa que otros pueblos no acostumados a su consumo. La mayoría de la población mundial adulta tiene déficit de lactasa, excepto la población del norte y centro de Europa.

Suecos

1%

Ingleses

6%

Rusos

15%

Españoles

15%

Árabes

80%

Esquimales

83%

Mejicanos

83%

Africanos centro

83%

Tailandeses

98%

Fuente: "Disorders of carbohydrate absorption in clinical practice" Montes RG, Perman JA 1987

¿Qué tipos de intolerancia existen? 1. Intolerancia secundaria (mayoritaria): La disminución de la producción de la lactosa es secundaria, ya que esta provocada por un daño intestinal temporal (generalmente causado por una gastroenteritis vírica/ver las causas en el siguiente apartado). Este tipo de intolerancia es muy frecuente en la infancia tras un episodio de gastroenteritis agudo. TRANSITORIA I RECUPERABLE 2. Intolerancia primaria o genética (minoritaria): Se produce una pérdida progresiva de la producción de la lactasa, y por tanto una pérdida gradual de la capacidad de digerir la leche. Suele darse a lo largo de la vida en ciertos grupos étnicos y tiene una causa genética. La personas con esta intolerancia van notando como la ingesta de leche les causa cada vez más síntomas. PROGRESIVA I PERMANENTE

¿Qué la puede causar? Además de la intolerancia primaria cuyo origen es genético o heredado, la intolerancia secundaria que es la mayoritaria puede ser provocada por varias causas:

· Después del destete, la cantidad de lactasa producida se reduce si el niño no está continuamente expuesto a la lactosa a través de su dieta. Por eso es mportante introducir la lactosa de forma gradual.*
· Problemas intestinales provocados por virus, bacterias o parásitos.
· Intolerancia al gluten
· Intolerancia a las proteínas de la leche de vaca
· Malnuitrición ligada a una diarrea prolongada
· Operaciones quirúrgicas del intestino delgado
· La toma de ciertos antibióticos como la neomicina y la kanamicina

*Al principio el bebé sólo puede digerir el calostro (agua rica en proteínas, sales minerales y factores inmunológicos). Después éste se va enriqueciendo con lactosa y lípidos hasta dar lugar a la leche definitiva. La leche de la madre se va haciendo más completa al ritmo de las enzimas del bebé. Es por tanto el organismo el que aumenta o disminuye las enzimas según sus necesidades, un desajuste en este proceso es el que provoca la intolerancia infantil.

 

¿Cómo se cura? Cuando es de carácter primario/genético no existe curación posible porque el individuo no recupera el enzima y los síntomas sólo se alivian con la suspensión de los productos lácteos en la dieta. En cambio cuando sea de carácter secundario, es decir como consecuencia de otro problema, si que tiene solución, pero primero habrá de tratarse éste para lograr la mejoría total.

 

¿Por qué es importante detectarla y tratarla rápidamente? Porque la lactasa es una de las enzimas intestinales más delicadas y vulnerables. Si seguimos tomando lactosa, se agrandará la lesión en la mucos intestinal y se producirá un círculo vicioso: lesión de la mucosa/malabsorción de lactosa que será cada vez más difícil de solucionar.

¿Cómo vivir con la intolerancia? La falta de leche en la dieta puede producir falta de Calcio, Vitamina D (necesaria para la absorción del Calcio), Riboflavina y proteínas. Las complicaciones más comunes son la pérdida de peso y la malnutrición. Por tanto, resulta esencial consumir otros productos ricos en estas sustancias, así como las dosis diarias recomendadas de vitamina A, C, Fósforo, Magnesio i Potasio (los cuáles ayudan a la absorción del calcio).
Fuentes alternativas de obtención:
Calcio: Sardinas, salmón, tofu, gambas, col, espinacas,...
Vitamina D: Aunque la crea el propio organismo cuando se expone al sol, una rica fuente es el hígado de bacalao.
Otra alternativa posible consiste en agregar a la leche enzimas de lactasa (lactoacidófilos) o tomarlas en cápsulas o en forma de tabletas masticables antes de cada ingestión.

Tu semáforo alimentario

 Fuente: Elaboración ADILAC Qué puedo y qué no puedo comer? Con este semáforo orientativo intentaremos aconsejarte, pero recuerda que en cualquier producto aparentemente sin lactosa (ya que en su estado natural no lo contiene) pueden añadir ingredientes y aditivos que lo conviertan en un producto no apto para los intolerantes. Por tanto, la recomendación es siempre leer con atención la etiqueta de los ingredientes.


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