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Salud y medicamentos

Muchos pacientes se obsesionan con su valores de PSA

28/11/2011

Cuestionado el test de detección precoz del cáncer de próstata

La reducción de mortalidad que se consigue con el test del PSA es pequeña | El tratamiento comporta un riesgo alto de impotencia e incontinencia urinaria

La Vanguardia Salud | 27/11/2011 - 02:46h

 

Una prueba ampliamente utilizada para la detección precoz del cáncer de próstata, el test del PSA, se emplea de manera abusiva, a veces incorrecta y con importantes daños colaterales para algunos de los hombres a los que se hace la prueba. A raíz de los resultados de dos amplios estudios que han evaluado los beneficios y riesgos del test del PSA, oncólogos y urólogos coinciden en que debe dejar de realizarse de manera indiscriminada y defienden que se evalúe caso por caso a quién le conviene la prueba. La decisión de medir o no el PSA, según las últimas recomendaciones de las sociedades médicas, debe ser tomada de manera individual por cada hombre tras haber consultado con su médico qué ventajas y qué limitaciones tiene.

En los países desarrollados, con 650.000 casos diagnosticados en el 2008, el cáncer de próstata es el más frecuente entre la población masculina. Es el tercero en mortalidad, por detrás del de pulmón y del colorrectal, con 136.500 muertes en el 2008, según datos de la Sociedad Americana del Cáncer.

Al ser un cáncer tan frecuente en la población masculina como el de mama en la femenina, sería deseable tener un método de diagnóstico precoz equivalente a la mamografía. La lógica del diagnóstico precoz es que, si se detecta un tumor en sus inicios, la probabilidad de curación es mayor que si se detecta cuando ya se ha extendido a otros órganos.

Con este razonamiento, el test del PSA se ha empleado masivamente para la detección precoz del cáncer de próstata desde su introducción a finales de los años ochenta. Pero la biología del cáncer de próstata es diferente de la del cáncer de mama, y el equilibrio de beneficios y riesgos que se da en la mamografía no es el mismo que en el test del PSA.

La gran mayoría de los cánceres de próstata se acompañan de un nivel anormalmente alto de una proteína segregada por la próstata llamada antígeno prostático específico (PSA, por sus iniciales en inglés). Esta proteína es precisamente lo que se mide en el test para la detección precoz del cáncer de próstata.

El problema es que hay algunos cánceres en que el nivel de PSA sigue siendo normal, y que, por tanto, no se pueden detectar con el test. Y un problema adicional es que hay otras afecciones de la próstata que son benignas y que también elevan el PSA, como la hiperplasia (o aumento del tamaño de la próstata, común en hombres mayores de 50 años). Por tanto, cuando se detecta un nivel elevado de PSA en un análisis, es preciso realizar pruebas complementarias para comprobar si hay un tumor en la próstata. Estas pruebas suelen incluir un tacto rectal –en que un especialista palpa la próstata en busca de masas tumorales utilizando un guante adecuadamente lubricado– y, si persisten las sospechas, una biopsia que aclarará finalmente si hay células cancerosas en la próstata.

La biopsia no es una exploración inocua. Requiere acceder a la próstata y extraer células para analizarlas en el laboratorio, lo cual puede resultar doloroso y causar sangrados o infecciones urinarias. "El 85% de las biopsias de próstata son negativas", es decir, son falsas alarmas del PSA, informa Joan Carles, jefe de sección del servicio de oncología del hospital Vall d'Hebron.

En el otro 15%, las que son positivas, se plantea un dilema. ¿Qué hacer cuando se detectan células cancerosas en la próstata? Lo más habitual es intervenir. Al fin y al cabo, el objetivo de la detección precoz es curar el cáncer antes de que se extienda a otros órganos. En algunos casos se extirpa la próstata en una intervención quirúrgica. En otros se aplican tratamientos de radioterapia y hormonoterapia. Y se asume un riesgo de que estos tratamientos causen impotencia o incontinencia urinaria. El porcentaje de pacientes que sufren estas secuelas de manera permanente varía de unos hospitales a otros, pero en los mejores centros las cifras se sitúan en un 15% para la impotencia y en un 6% para la incontinencia urinaria.

Este riesgo se asume pese a que, en la gran mayoría de los casos, no sería necesario intervenir. El cáncer de próstata es por lo general una enfermedad de evolución lenta con la que se puede convivir durante décadas sin que llegue a causar molestias. Se ha demostrado que un tercio de los hombres mayores de 50 años tienen cáncer de próstata, aunque la mayoría de ellos nunca llegan a saberlo. Pero hay una minoría de casos en que el cáncer de próstata es agresivo y puede llegar a causar la muerte del paciente. A falta de una prueba que permita distinguir los cánceres de próstata de evolución rápida de los de evolución lenta, por precaución suelen tratarse todos como si pudieran ser agresivos.

La prueba del PSA se ha utilizado, así, de manera masiva durante veinte años sin que nadie hubiera evaluado bien su eficacia. Se daba por supuesto que los beneficios de la detección precoz justificarían los riesgos de las biopsias y los tratamientos innecesarios. Finalmente, un gran estudio europeo y otro estadounidense han cuantificado los pros y contras de la prueba. Con resultados sorprendentes.

El estudio europeo, en el que han participado 182.160 hombres de 50 a 74 años, ha detectado cánceres de próstata en un 8,2% de los hombres que se hacen la prueba del PSA y en un 4,8% de los hombres que no se la hacen. Por tanto, el PSA permite detectar casi el doble de cánceres. Lo sorprendente es que la mortalidad por cáncer de próstata en los nueve años siguientes sólo es un 20% más baja en hombres en que se analiza el PSA. Lo cual demuestra que una parte sustancial de los cánceres detectados no son mortales y no requerirían un tratamiento agresivo.

La investigación no ha observado ningún beneficio de medir el PSA en hombres menores de 55 años ni en mayores de 70. Sólo ha detectado una reducción de mortalidad en la franja de 55 a 69. Una reducción modesta, además: haría falta hacer la prueba del PSA a 1.410 hombres para prevenir una muerte por cáncer de próstata en un periodo de nueve años. Y que, para prevenir esta muerte, haría falta tratar de cáncer de próstata a 48 hombres.

El estudio estadounidense, con 76.693 participantes de 55 a 74 años, no ha conseguido detectar que la prueba del PSA reduzca la mortalidad sobre un periodo de 7 años. Pero "es un estudio menos consistente que el europeo", advierte Joaquim Bellmunt, jefe del servicio de oncología del hospital del Mar. Su principal inconveniente es que más de la mitad de los hombres a los que no les tocó hacerse la prueba del PSA en el estudio –el llamado grupo control– se la hicieron por su cuenta, lo que distorsionó los resultados.

En conjunto, "los datos indican que el test del PSA puede ayudar a reducir la mortalidad por cáncer de próstata en la franja de edad de 55 a 69 años", sostiene Joaquim Bellmunt. Decidir si esta reducción de mortalidad justifica los inconvenientes de diagnosticar y tratar cánceres que nunca llegarían a causar síntomas, añade el oncólogo, "es una cuestión que debe individualizarse para cada paciente".

A raíz de estos dos estudios, la Sociedad Americana de Cáncer y la Asociación Urológica Americana han elaborado nuevas recomendaciones sobre la detección precoz del cáncer de próstata. Ambas sociedades recomiendan que cada paciente decida con la ayuda de un médico si quiere medirse o no el PSA.

Ambas sociedades coinciden también en que el PSA no debe medirse en hombres con una esperanza de vida inferior a diez años. "Hoy día aún es habitual pedir la prueba del PSA para mayores de 75 años y no tiene sentido", sostiene Bellmunt. "Aunque tengan cáncer de próstata, no es preciso complicarles la vida con biopsias y tratamientos agresivos porque morirán por otra causa".

Una vez analizados los pros y contras del test del PSA, ¿qué hacen los especialistas que mejor conocen la cuestión? "Yo no me he hecho la prueba", contesta Joan Carles. A sus 51 años, por edad podría ser candidato a hacérsela. Pero no tiene antecedentes familiares que le hagan sospechar de un riesgo alto de sufrir un cáncer de próstata agresivo. "Y si me saliera un PSA elevado, probablemente me haría una biopsia y, si saliera positiva, probablemente me trataría el cáncer", afirma. Desde su punto de vista, en su caso concreto, "los riesgos superan a los beneficios".

Una estrategia alternativa, apunta Bellmunt, es esperar a ver cómo evoluciona el cáncer antes de iniciar ningún tratamiento. De este modo, se podrían tratar únicamente los cánceres agresivos y se evitarían los efectos secundarios de tratar los más inocuos. Pero aún ningún estudio ha avalado esta estrategia, aunque se ha iniciado uno para evaluarla.

De cara al futuro, los médicos esperan que se desarrollen nuevas pruebas de diagnóstico que permitan distinguir, analizando las células obtenidas en la biopsia, qué cánceres de próstata son agresivos y cuáles serán de evolución lenta y merecen un tratamiento más conservador.


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Dietetica y nutrición

Los españoles consumen menos calorías que hace dos décadas pero están más obesos

15/11/2011

La Vanguardia

 

Madrid. (EP).- La población española consume 250 calorías al día menos que hace 20 años y, sin embargo, su tasa de obesidad ha crecido entre un 17 y un 21 por ciento debido, en parte, al estilo sedentario que se sigue en la actualidad, según se desprende del estudio de Dieta y Riesgo de Enfermedades Cardiovasculares en España (DRECE), presentado este martes en Madrid.

"Los jóvenes dedican cada vez menos tiempo a la actividad física y más a ver la televisión o a permanecer delante del ordenador", ha reconocido el coordinador de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, Miguel Ángel Rubio.

Asimismo, ha precisado que este hecho puede, a su vez, incitar al "sobreconsumo inadvertido de picoteo". Sin embargo, los resultados del estudio subrayan que la población española presenta una mortalidad cardiovascular inferior a la de otros países europeos.

Los expertos alegan que puede ser debido a la existencia de una tasa superior de colesterol HLD, conocido como "bueno", ya que tiene un efecto protector.

"El estudio DRECE pone de manifiesto que los españoles, sobre todo las mujeres, presentan una de las cifras de colesterol 'bueno' más elevadas respecto a otros países con mayor mortalidad cardiovascular", ha precisado el doctor Agustín Gómez de la Cámara, de la Unidad de Investigación Clínica e Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Universitario 12 de Octubre.

Así, uno de los fines de este estudio ha aclarado el presidente de DRECE, el doctor José Antonio Gutiérrez, es tratar de averiguar por qué la muerte por enfermedades cardiovasculares no es "un problema tan importante como en otros países".

En este sentido, el 40 por ciento de las defunciones en menores de 74 años son a consecuencia del cáncer, mientras que la mortalidad por enfermedades cardiovasculares ronda el 16 por ciento.

Gómez de la Cámara ha aclarado que detrás de estos fallecimientos precoces por enfermedades cardiovasculares está la diabetes y ha instado a los responsables políticos a que hagan un esfuerzo especial para detectar y tratar "adecuadamente" esta enfermedad.

Menos legumbres y más refrescos

Gutiérrez ha reconocido que los hábitos alimentarios de la población española no son malos. "Nos aproximamos a las recomendaciones dietéticas saludables, sin detectar cambios que puedan ser motivos de alarma", ha precisado.

Algunos de estos cambios que el estudio ha puesto de manifiesto es que los españoles comen ahora menos cereales y legumbres pero, en cambio, ingieren más refrescos y zumos. "Este hecho puede pasar desapercibido, pero su asociación con la obesidad y el síndrome metabólico es claro", ha aclarado el presidente de DRECE.

Los investigadores han dado cuenta también de que la dieta mediterránea sigue prevaleciendo entre la población española y que se sigue consumiendo aceite, especialmente el de oliva.

En el estudio, que comenzó en 1990, ha participado cerca de 5.000 personas de ambos sexos, que tenían, en su origen, entre cinco y 59 años. Además de 52 centros de salud y más de un centenar de investigadores.

Durante estas dos décadas se ha realizado en total cuatro estudios. Las enfermedades cardiovasculares son las responsables de más de 125.000 muertes cada año en España y cerca de cinco millones de ingresos hospitalarios.

Ajuste económico

Por su parte, la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, que ha acudido a la presentación del estudio en la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha instado al nuevo Gobierno "sea del signo que sea" a que "siga la estela que se ha seguido en la actual legislatura" en la que su cartera ha quedado fuera del ajuste económico.

"Es grave lo que nos jugamos y lo que esta en riesgo", ha reconocido la titular de Ciencia e Innovación, quien ha destacado el actual liderazgo español en este campo fruto de "mucho esfuerzo y de años".

"No saldremos de la crisis si no apostamos decididamente por la ciencia e innovación", ha instado. "A base de ajuste estaremos impidiendo el crecimiento", ha añadido.

 


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Salud y medicamentos

11/11/2011

ENTREVISTA | Xavier Bonfill

El Mundo

Contra la crisis sanitaria, evidencia científica

  • La Colaboración Cochrane reivindica el valor de las revisiones sistemáticas
  • Son claves para garantizar la sostenibilidad del sistema sanitario, aseguran

La guerra civil española marcó de forma imborrable a Archie Cochrane (1909-1988). Este médico escocés llegó a nuestro país como miembro de las Brigadas Internacionales y formó parte de la 'British Ambulance Unit', donde, entre otras desgracias, comprobó que muchos de los tratamientos e intervenciones que se empleaban en las mesas de operaciones no estaban basados en ninguna evidencia científica.

Su experiencia en la Segunda Guerra Mundial confirmó esta percepción, por lo que, una vez acabada la contienda, dedicó gran parte de su carrera a promocionar el método científico en medicina. Sus principios inspiraron en 1993 la creación de la Colaboración Cochrane, una red internacional que, desde la independencia política, pretende "ayudar a profesionales de la salud, gestores, pacientes y ciudadanos en general a tomar decisiones bien informadas sobre la atención sanitaria mediante la preparación, actualización y promoción de revisiones sistemáticas".

Estas revisiones, que básicamente sintetizan la evidencia científica disponible sobre la idoneidad de una terapia, un dispositivo o una práctica clínica, están coordinadas por 14 centros internacionales que agrupan a unas 30.000 personas en todo el mundo.

Xavier Bonfill dirige desde su fundación en el año 2000 el Centro Cochrane Iberoamericano, que desde su sede en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, es responsable de toda la actividad de la red en España, Portugal, Andorra y toda la América Latina hispanoparlante.

Con casi dos décadas de 'experiencia Cochrane' a sus espaldas, este oncólogo catalán cree que el espíritu de la red es, precisamente, una de las claves que pueden hacer salir al sistema público sanitario de la encrucijada en la que se encuentra.

Generar información de calidad en el ámbito de la salud, subraya, es fundamental para tomar decisiones que finalmente afectan a la salud de los ciudadanos. En ese sentido, continúa, la Colaboración Cochrane puede ser especialmente relevante ahora que, debido a la crisis, "habrá que discriminar cuáles son las prestaciones sanitarias que hay que financiar porque han demostrado ser efectivas".

De las vacas 'gordas' a las 'flacas'

Para Bonfill, "en nuestro país y en todos ha existido una excesiva benevolencia, una falta de monitorización en las decisiones que se han tomado a nivel clínico". Eso ha hecho que en la época de las 'vacas gordas' se incorporasen a la cartera sanitaria tratamientos e innovacionessin la suficiente justificación científica.

Mientras hemos pasado una etapa de bonanza económica, esto no ha supuesto ninguna preocupación porque se han podido aplicar todo tipo de tratamientos, aunque no fuesen coste-efectivos, señala Bonfill. "Pero ahora que necesariamente tenemos que racionalizar, estas decisiones tendrán que quedar mucho más explícitas".

"Si seguimos gastando en todo lo que está produciendo la investigación, llegará un momento en que no podremos gastar en aquello que está bien asentado y que es necesario. De ahí que se necesiten mecanismos elaborados y claros para disponer de una cartera de servicios pública donde quede bien claro por qué un determinado se ha incluido, cuáles son los beneficios, cuánto cuesta y qué esperamos obtener", remarca Bonfill.

Obviamente, indica este especialista, no se trataría de una 'lista' cerrada, sino que se iría modificando a medida que apareciesen nuevas evidencias científicas. Según su opinión, un buen modelo para comenzar son las 'Do not do recommendations' (Recomendaciones sobre qué no hacer) que ha empezado a elaborar el sistema de salud inglés y que enumera, basándose en revisiones, las prácticas que no deben realizarse en las consultas públicas (ya sea porque no hay suficiente justificación, porque sus efectos secundarios son importantes o porque hay alternativas mejores).

"Las revisiones exhaustivas son claves", concluye Bonfill, que se muestra optimista de cara al futuro. "En realidad la crisis nos está ofreciendo laoportunidad de ser más racionales y de hacer que el sistema tenga más en cuenta a los profesionales de la salud".


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